¿Medimos desempeño o solo acumulamos indicadores?

¿Medimos desempeño o solo acumulamos indicadores?
Cinco criterios para seleccionar métricas ESG que realmente expliquen impactos, riesgos y resultados.
Una empresa puede reportar cientos de indicadores de sostenibilidad y, aun así, tener dificultades para responder tres preguntas fundamentales:
¿Qué está cambiando? ¿Por qué está cambiando? ¿Y qué decisiones debemos tomar al respecto?
El problema no necesariamente es la falta de datos. En muchas organizaciones, la información existe, pero se encuentra dispersa entre áreas, responde a metodologías distintas o se recopila principalmente para atender solicitudes de reporte.
Esto genera una paradoja: las empresas pueden dedicar cada vez más recursos a medir su desempeño sin necesariamente comprender mejor sus impactos, riesgos y oportunidades.
El desafío ya no consiste únicamente en producir información. Consiste en construir sistemas de medición capaces de conectar los asuntos relevantes de sostenibilidad con resultados verificables y decisiones empresariales.
1. La trampa de medir más: actividad no equivale a desempeño
Pensemos en una empresa que reporta haber capacitado a 2,000 colaboradores durante el año.
El dato puede ser correcto, verificable y útil. Pero ¿qué demuestra exactamente?
Nos dice cuántas personas participaron en una actividad. No necesariamente indica si desarrollaron nuevas competencias, si modificaron prácticas laborales o si la capacitación permitió reducir un riesgo identificado.
Para evaluar sus resultados necesitaríamos complementar la información.
Qué queremos conocer | Indicador posible |
Alcance | Número y porcentaje de colaboradores capacitados. |
Aprendizaje | Variación en los conocimientos evaluados antes y después. |
Aplicación | Porcentaje que demuestra las competencias adquiridas en su puesto. |
Resultado | Cambios observables en el desempeño o en el riesgo que se buscaba atender. |
Estos indicadores no son intercambiables. Cada uno responde a una pregunta diferente.
Además, atribuir una mejora de desempeño exclusivamente a una capacitación puede requerir evidencia adicional.
La primera decisión metodológica es distinguir entre lo que hacemos, lo que conseguimos y el impacto que generamos.
Esta distinción ayuda a evitar que los reportes se conviertan en inventarios de actividades presentados como resultados.
2. La materialidad orienta la selección, pero no sustituye los requerimientos de divulgación
Antes de definir qué medir, una organización necesita comprender cuáles son sus impactos, riesgos y oportunidades relevantes, para qué utilizará la información y qué requerimientos debe atender.
Aquí es indispensable distinguir los enfoques de los principales estándares.
GRI: materialidad de impacto
GRI 3 orienta a las organizaciones a identificar sus impactos más significativos sobre la economía, el medioambiente y las personas, incluidos los derechos humanos.
El análisis permite determinar los temas materiales y sustentar cómo se gestionan esos impactos. Su divulgación 3-3 también aborda el seguimiento de la eficacia de las medidas mediante objetivos, indicadores y resultados.
NIIF S1 y NIIF S2: información financiera relacionada con sostenibilidad
NIIF S1 establece requerimientos generales para divulgar información material sobre riesgos y oportunidades de sostenibilidad que razonablemente podrían afectar las perspectivas de una entidad.
NIIF S2 establece requerimientos específicos para los riesgos y oportunidades relacionados con el clima.
Su propósito es proporcionar información útil para las decisiones de inversionistas, prestamistas y otros acreedores.
SASB: especificidad sectorial
Los estándares SASB aportan referencias sobre asuntos y métricas relevantes por industria. NIIF S1 exige consultar y considerar su aplicabilidad al identificar determinados riesgos, oportunidades y métricas.
Estas referencias son particularmente útiles porque los asuntos relevantes y las formas de medirlos pueden variar entre sectores.
¿Qué implica para la selección de indicadores?
Que no basta con elegir métricas que parecen útiles o que otras empresas publican.
Es necesario distinguir tres componentes:
Divulgaciones requeridas: información que corresponde proporcionar de acuerdo con los estándares y obligaciones aplicables.
Indicadores de desempeño: métricas que permiten dar seguimiento a los objetivos, impactos, riesgos y resultados de la organización.
Indicadores de gestión interna: información operativa utilizada para orientar decisiones y controles, aunque no necesariamente deba publicarse.
Pueden existir coincidencias entre los tres componentes, pero no son equivalentes.
Un sistema robusto busca que la información sea consistente entre ellos, evitando duplicidades sin sacrificar los requerimientos de cada marco.
3. Cinco criterios para evaluar si un indicador realmente aporta valor
En MAKEN proponemos utilizar cinco preguntas como filtro de calidad metodológica.
Esta herramienta complementa, pero no sustituye, los requerimientos de los estándares aplicables.
01. Relevancia: ¿qué decisión o requerimiento justifica esta métrica?
Todo indicador debería tener una razón clara para existir.
Puede responder a un requerimiento normativo, representar un impacto significativo, ayudar a vigilar un riesgo o medir el progreso de un objetivo estratégico.
Antes de incorporarlo, conviene identificar qué necesidad de información atiende y quién utilizará sus resultados.
Señal de alerta: la única justificación para conservarlo es que aparece en el reporte del año anterior.
02. Claridad metodológica: ¿sabemos exactamente qué estamos midiendo?
Dos áreas pueden reportar aparentemente el mismo indicador y utilizar metodologías incompatibles.
Una definición sólida debe establecer, como mínimo:
Qué se mide y en qué unidades.
Qué operaciones, entidades o actividades incluye.
Qué periodo comprende.
Qué criterios de cálculo y estimación utiliza.
Qué exclusiones y limitaciones existen.
Señal de alerta: dos personas obtienen resultados diferentes utilizando las mismas fuentes.
03. Confiabilidad y trazabilidad: ¿podemos demostrar de dónde proviene el resultado?
Un indicador no es confiable únicamente porque se encuentre en un sistema corporativo.
La calidad depende también de sus fuentes, controles, responsables y evidencia.
Conviene comprobar si existen registros verificables, procedimientos de validación y mecanismos para detectar errores, duplicidades o estimaciones inconsistentes.
Señal de alerta: el dato final existe, pero no es posible reconstruir su cálculo o identificar a quien lo validó.
04. Comparabilidad y contexto: ¿podemos interpretar correctamente su evolución?
Comparar indicadores exige revisar que sus definiciones, límites y métodos sean consistentes.
También requiere comprender cambios en producción, adquisiciones, operaciones, condiciones territoriales o metodologías.
Una reducción porcentual no necesariamente equivale a una mejora ambiental, social o financiera.
Señal de alerta: se comunica un resultado positivo sin explicar cambios relevantes en el alcance o contexto del indicador.
05. Utilidad para la gestión: ¿el resultado provoca alguna decisión?
Un indicador de gestión debe facilitar la identificación de desviaciones, la evaluación de resultados o el ajuste de acciones.
Para lograrlo, conviene vincularlo con responsables, objetivos, periodicidad de seguimiento y mecanismos de respuesta.
No todos los indicadores exigidos para divulgación pública tienen que utilizarse de la misma manera en la gestión interna.
Señal de alerta: se invierte tiempo en recopilar información, pero nadie revisa sus resultados hasta preparar el siguiente reporte.
4. Caso práctico: cuando una mejora en eficiencia oculta un riesgo creciente
Consideremos una empresa manufacturera que identifica el agua como un tema material.
Su reporte destaca una reducción del 20% en el consumo de agua por unidad producida.
A primera vista, parece un resultado favorable.
Sin embargo, al revisar la información absoluta y la ubicación de las operaciones, encontramos una lectura diferente.
Ejemplo hipotético con fines ilustrativos:
Indicador | Año 1 | Año 2 |
Producción (unidades) | 100,000 | 150,000 |
Consumo de agua (m³) | 100,000 | 120,000 |
Intensidad hídrica (m³/unidad) | 1.00 | 0.80 |
Consumo en zonas de estrés hídrico (m³) | 50,000 | 84,000 |
La empresa mejoró su eficiencia hídrica un 20%.
Pero el consumo absoluto aumentó un 20%, y el volumen consumido en zonas de estrés hídrico creció un 68%.
Estos resultados no demuestran por sí mismos que los impactos hayan aumentado en la misma proporción. Para determinarlo se necesita evaluar el contexto local, las fuentes de abastecimiento, la disponibilidad del recurso y las afectaciones potenciales sobre ecosistemas y comunidades.
Sin embargo, sí muestran algo importante:
Un indicador favorable de eficiencia puede coexistir con una mayor presión sobre recursos hídricos vulnerables.
¿Qué información adicional necesitamos?
Si la empresa utiliza GRI 303, resulta indispensable distinguir entre extracción, vertido y consumo de agua, así como considerar las divulgaciones correspondientes a áreas con estrés hídrico.
Para fortalecer el análisis también pueden requerirse indicadores de calidad de vertidos, riesgos de suministro, desempeño por instalación y medidas de mitigación, según las circunstancias de la organización.
¿Cómo cambia la decisión empresarial?
Si únicamente se observa la intensidad hídrica, la decisión podría limitarse a mantener el programa actual de eficiencia.
Si se analizan también el consumo absoluto y el contexto territorial, podrían identificarse otras prioridades:
Reforzar las medidas de reducción y recirculación en instalaciones ubicadas en zonas vulnerables.
Evaluar fuentes alternativas de suministro, considerando sus propios impactos.
Revisar los riesgos operativos asociados con la disponibilidad futura de agua.
Establecer objetivos diferenciados por instalación o cuenca, cuando resulte pertinente.
El valor del sistema de indicadores no está en producir una conclusión favorable o desfavorable.
Está en permitir una interpretación suficientemente completa para tomar mejores decisiones.
5. Del indicador al sistema de gestión
Una vez seleccionados los indicadores, el siguiente desafío es convertirlos en un sistema confiable y sostenible en el tiempo.
Para ello, no basta con asignar la recopilación de información al área de sostenibilidad.
Es necesario establecer responsabilidades entre las funciones que generan, validan, interpretan y utilizan los datos.
Una ficha técnica de cada indicador debería incluir:
Componente | Pregunta que resuelve |
Propósito y vínculo | ¿Por qué se mide y con qué tema, riesgo u objetivo se relaciona? |
Definición y fórmula | ¿Cómo se calcula? |
Alcance | ¿Qué operaciones, entidades o actividades incluye? |
Fuente y evidencia | ¿De dónde provienen los datos y cómo se verifican? |
Responsables | ¿Quién captura, valida y utiliza la información? |
Frecuencia | ¿Cada cuánto se actualiza y revisa? |
Referencia y objetivo | ¿Contra qué periodo, meta o criterio se evalúa? |
Uso para decisiones | ¿Qué acciones pueden derivarse de los resultados? |
La existencia de esta ficha no garantiza, por sí sola, la calidad de la información. Pero facilita su consistencia, revisión y trazabilidad.
También permite detectar problemas antes de llegar a las etapas de redacción, validación o aseguramiento del reporte.
El sistema debería revisarse cuando cambian las operaciones, los riesgos, la materialidad o los requerimientos de divulgación, procurando preservar la comparabilidad entre periodos.
6. Diagnóstico: cinco señales de que tu sistema de indicadores necesita mejorar
Vale la pena revisar el sistema actual si:
La selección de indicadores depende principalmente de lo publicado en años anteriores.
Existen métricas sin definiciones, responsables o evidencia suficientemente documentada.
Los resultados se presentan sin metas, referencias históricas o contexto para interpretarlos.
La información de sostenibilidad se recopila principalmente al cierre del periodo de reporte.
La organización puede presentar cifras, pero tiene dificultades para explicar qué decisiones se tomaron a partir de ellas.
Estas señales no demuestran automáticamente que un reporte incumpla un estándar. Indican oportunidades para evaluar la utilidad y madurez del sistema de medición.
La pregunta que debería guiar la medición
La calidad de un reporte no se mide por el número de indicadores que contiene.
Se construye a partir de la identificación correcta de los asuntos relevantes, el cumplimiento de los requerimientos aplicables, la confiabilidad de los datos y la capacidad de explicar el desempeño de la organización.
Un sistema de medición sólido debe permitir distinguir entre actividades y resultados, interpretar tendencias en su contexto y reconocer tanto avances como desafíos.
En MAKEN Sustainability creemos que el verdadero valor de los indicadores no está en cuántos podemos reportar, sino en cuánto nos permiten comprender, demostrar y mejorar.
Antes de agregar una nueva métrica al próximo reporte, vale la pena preguntarse:
¿Qué información obtendremos con ella que todavía no tenemos y qué podremos hacer con ese conocimiento?
Referencias técnicas
Global Reporting Initiative. GRI 3: Material Topics 2021, especialmente la divulgación 3-3.
Global Reporting Initiative. GRI 303: Water and Effluents 2018.
IFRS Foundation. IFRS S1: General Requirements for Disclosure of Sustainability-related Financial Information(2023).
IFRS Foundation. IFRS S2: Climate-related Disclosures (2023).
IFRS Foundation. Using the SASB Standards to meet the requirements in IFRS S1 (2024).
Nota metodológica: los cinco criterios y las herramientas de evaluación presentadas constituyen una propuesta editorial y metodológica de MAKEN Sustainability, no un listado oficial de requisitos de los estándares mencionados. El ejemplo del agua es hipotético y tiene fines ilustrativos.





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