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Tu empresa puede tener muchas iniciativas ESG y ninguna estrategia que las conecte.

hace 16 minutos
5 min de lectura

Las acciones de sostenibilidad pueden generar resultados individuales y, aun así, no contribuir de manera coordinada a los objetivos del negocio. El desafío no siempre es hacer más, sino conectar lo que ya se está haciendo.


Muchas iniciativas, pero ¿hacia dónde avanzan?


Imaginemos una empresa manufacturera que ha comenzado a incorporar criterios de sostenibilidad en distintas áreas de su operación.


El equipo de Operaciones implementa proyectos de eficiencia energética para reducir el consumo y optimizar costos. Compras desarrolla una evaluación de proveedores que incorpora criterios ambientales y sociales. Recursos Humanos impulsa programas de bienestar para mejorar las condiciones laborales y fortalecer la retención de talento.


Cada iniciativa responde a una necesidad concreta. Tiene responsables, actividades y, posiblemente, indicadores propios.


Sin embargo, cuando la dirección pregunta cómo contribuyen conjuntamente estas acciones a los objetivos estratégicos del negocio, la respuesta no es tan clara.


¿Qué prioridades comparten? ¿Cómo se relacionan sus resultados? ¿Qué iniciativas deberían recibir más recursos?


La empresa tiene actividad en sostenibilidad, pero no necesariamente cuenta con un modelo de gestión que conecte sus esfuerzos.


Y ahí comienza el verdadero desafío.


El problema no es la falta de iniciativas, sino su desconexión


Cuando la sostenibilidad se desarrolla de manera independiente en cada área, pueden aparecer dificultades que no siempre son evidentes en los reportes de avance.


Operaciones mide el ahorro energético alcanzado. Compras registra el porcentaje de proveedores evaluados. Recursos Humanos monitorea la participación en sus programas de bienestar.


Aunque todos son indicadores útiles, por sí solos no permiten comprender cómo contribuyen a las prioridades generales de la organización.


Esta fragmentación puede generar cuatro problemas de gestión:

  • Prioridades dispersas: cada área define sus acciones sin criterios compartidos sobre qué temas son más relevantes para el negocio.

  • Metas independientes: los objetivos se establecen por función, sin identificar relaciones, dependencias o posibles contradicciones.

  • Seguimiento fragmentado: los resultados se revisan de forma aislada, dificultando una evaluación conjunta del desempeño.

  • Recursos poco coordinados: las decisiones de inversión dependen de presupuestos individuales y no necesariamente de su contribución estratégica.


El resultado puede ser una organización con múltiples proyectos en marcha, pero con dificultades para explicar qué está cambiando realmente gracias a ellos.


La cantidad de iniciativas no demuestra, por sí misma, la existencia de una estrategia integrada.


Del esfuerzo individual a un modelo de gestión integrado


Volvamos al caso de la empresa manufacturera.

Supongamos que uno de sus objetivos estratégicos es fortalecer su competitividad y resiliencia operativa frente al incremento de costos, las exigencias de clientes y los riesgos en su cadena de suministro.


Bajo ese objetivo, las iniciativas existentes pueden adquirir una función más clara.

  • Operaciones deja de evaluar la eficiencia energética únicamente como una reducción del consumo y comienza a vincularla con la exposición a costos energéticos, la continuidad operativa y los objetivos ambientales.


  • Compras conecta la evaluación de proveedores con la identificación de riesgos de abastecimiento, el cumplimiento de requisitos comerciales y la continuidad de la cadena de suministro.


  • Recursos Humanos relaciona sus programas de bienestar con indicadores de rotación, ausentismo, seguridad y capacidades necesarias para sostener la operación.


Las iniciativas no necesariamente cambian. Lo que cambia es la manera de priorizarlas, coordinarlas y evaluar sus resultados.


Ahora existe una pregunta compartida:

¿Cómo contribuye cada iniciativa a los objetivos y riesgos prioritarios del negocio?

Esta conexión permite pasar de un conjunto de acciones por área a un modelo de gestión con criterios comunes.


Cuatro cambios que permiten conectar las iniciativas ESG


La integración estratégica requiere transformar la manera en que se toman decisiones, no únicamente reorganizar un listado de proyectos.


1. De acciones por área a prioridades compartidas

El primer paso es identificar los temas de sostenibilidad relevantes para la organización y establecer cuáles requieren una respuesta coordinada.


No todas las iniciativas tienen el mismo impacto, urgencia o relación con los objetivos empresariales.


Definir prioridades compartidas permite que las áreas comprendan qué problemas buscan resolver conjuntamente y evita que cada equipo avance con criterios completamente independientes.


2. De metas independientes a objetivos conectados al negocio

Una iniciativa necesita algo más que una meta operativa.

Reducir el consumo energético, evaluar proveedores o fortalecer el bienestar laboral puede ser relevante, pero es necesario explicar cómo estos resultados contribuyen a objetivos empresariales más amplios.


Esto implica establecer relaciones claras entre las metas de sostenibilidad, los riesgos identificados y las decisiones estratégicas.


3. De seguimiento fragmentado a indicadores coordinados

Contar con múltiples indicadores no equivale a tener una visión integrada del desempeño.

Un modelo de gestión debe permitir identificar qué resultados se están obteniendo, cómo se relacionan y qué decisiones requieren ajustes.


Para ello, es necesario definir responsables, mecanismos de seguimiento y espacios de revisión donde la información de distintas áreas pueda analizarse de manera conjunta.


4. De presupuestos aislados a una asignación de recursos con criterios comunes

La integración también debe reflejarse en las decisiones de inversión.

Cuando las iniciativas compiten por recursos sin criterios compartidos, resulta difícil determinar cuáles generan mayor valor, responden a riesgos prioritarios o requieren atención inmediata.


Establecer criterios comunes de priorización permite comparar iniciativas considerando su relevancia estratégica, resultados esperados, recursos necesarios, viabilidad y urgencia.


Esto no significa que todas deban competir bajo una misma lógica: las obligaciones regulatorias y los compromisos indispensables deben atenderse conforme a sus requisitos específicos.


El objetivo es que la asignación de recursos responda a decisiones justificadas y no únicamente a la disponibilidad presupuestaria de cada área.


¿Cómo identificar si tus iniciativas están realmente conectadas?


Antes de incorporar nuevos proyectos, vale la pena revisar cómo se están gestionando los existentes.


Una organización puede comenzar planteándose cinco preguntas:

  1. ¿Nuestras iniciativas ESG responden a prioridades compartidas o a objetivos definidos individualmente por cada área?

  2. ¿Podemos explicar cómo contribuye cada iniciativa a los objetivos estratégicos del negocio?

  3. ¿Contamos con indicadores que permitan evaluar resultados de manera coordinada?

  4. ¿Existen responsables y mecanismos de revisión que conecten las decisiones entre áreas?

  5. ¿Utilizamos criterios comunes para priorizar iniciativas y asignar recursos?


Si estas preguntas no tienen respuestas claras, puede existir una oportunidad para fortalecer la conexión entre las acciones actuales y el modelo de gestión de la organización.


Antes de hacer más, conecta lo que ya estás haciendo


Una estrategia de sostenibilidad no se construye únicamente acumulando proyectos, indicadores o compromisos.

Se fortalece cuando las iniciativas responden a prioridades definidas, cuentan con responsabilidades claras y generan información útil para tomar decisiones.


La diferencia no está necesariamente en ejecutar más acciones, sino en comprender cómo se relacionan, qué resultados producen y qué aportan al negocio.


Antes de sumar una nueva iniciativa ESG, vale la pena hacerse una pregunta: ¿las acciones que ya tenemos están trabajando hacia un mismo objetivo?


En Maken Sustainability acompañamos a las organizaciones a conectar sus prioridades de sostenibilidad con sus procesos de gestión, decisiones y objetivos estratégicos.


El primer paso es revisar si las iniciativas existentes están conectadas o si continúan avanzando de manera independiente.

 
 
 

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